18 diciembre 2013

Contraportada de Caldo de Cardán








Más acá del tono paternalista de redención social o política -ya tradicional en una extensa zona de la poesía chilena- Caldo de Cardán es, antes que todo, una bitácora de viaje. Del viaje del autor por un país vecino, pero en muchos sentidos extremadamente lejano como lo es Bolivia; pero también de otro viaje, interno, hacia una conciencia cada vez más situada de la escritura. Quien viaja no es sólo aquel que escribe, sino el poeta en su plenitud, que vive y respira más acá del texto y la expectativa del lector, y que busca más que una mera transformación de la perspectiva estética, una que involucre a toda la esfera de la experiencia.





El quiebre de fronteras que en más de un sentido ejecuta Cardani -entre países, entre géneros literarios, entre ánimos diversos- resulta un buen soplo de aire en la poesía joven producida en Chile; y, por fortuna, no necesariamente es aire limpio: contiene la necesaria, la verdadera impureza que la experiencia efectiva deja en el registro de una mano segura, que ya conocimos en el sorprendente Raso de 2009.


Carlos Henrickson Villaroel 

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